No es país para viejos


Llevo ya varios artículos, si se pueden llamar así, hablando y dando mi opinión sobre libros. Está siendo difícil y más cuando es la primera vez que hago algo parecido, así que en esta ocasión no hablaré del libro. Hablaré de lo fácil que es tener un bar en Murcia y que funcione.
Como todo en la vida para hacer algo bien hay que partir de unos mínimos que hay que bordar, no puede haber nadie que lo haga mejor que tú, puede que igual pero nunca mejor. Los mínimos de un bar en Murcia son que la cerveza esté perfectamente tirada y muy fría, se sirva en un vaso ni muy ancho, ni muy estrecho, ni muy alto, ni muy bajo (sabrás a qué vasos me refiero cuando los veas serigrafiados con las letras de Estrella de Levante) y que el líquido amarillo introducido en él sea, por supuesto, agua de Espinardo. Además de una buena cerveza, el otro mínimo con el que debe contar susodicho negocio es que disponga de una exquisita y casera ensaladilla rusa, siempre sin guisantes, y que se extienda sobre una rosquilla aderezándola con una anchoa, boquerón o incluso sin nada, como Dios la trajo al mundo, lo que viene siendo una marinera, marinero o bicicleta concretamente. Con estos dos mínimos tenemos cubiertos el 100% de los aperitivos y almuerzos y al menos el 75% de los comienzos de cenas y comidas. Ya es viable el negocio.
Una vez cubiertos los mínimos tenemos que ir aumentando la carta con cosas sencillas pero exquisitas, que en Murcia somos gente sencilla, como unas patatas fritas de la Torre con un chorrico de limón y pimienta, unos matrimonios, alcachofas en conservas, salchicha seca con almendras, y jamón cocido con limón y pimienta. Si el dueño del bar se ve fuerte, aunque no es de ninguna manera necesario, puede ampliar el negocio instalando una plancha en su pequeña cocina y poniendo a los mandos a su hermano, bien conocedor de las barras de clásicos como El Togo, Los Toneles, El Patio y demás. Pero antes siquiera de encender la plancha, el ya magnífico bar dispondrá para disfrute de los comensales de tomatico partío con bonito y tallos, langostinos cocidos del Mar Menor (si es época), hueva y mojama. Con esto ya tendríamos al equivalente de una estrella Michelín murciana pero cuando el hermano enchufe la plancha vendrá el fin de fiesta gustativo. Podrán ofrecernos montaditos de lomo o ternera, hamburguesas de chato murciano, tostas de sobrasada con queso y otras exquisiteces.
Con esto y poco más ya tienes el bar perfecto en Murcia. El poco más sería el obligado e inolvidable zarangollo y unas patatas cocidas con ajo como para espantar a vampiros. Fácil ¿no?
Pues ahora el libro: Cormac McCarthy es de Murcia, aunque haya nacido en Estados Unidos, y tiene un bar, y siempre está lleno. Lee a Cormac.

















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