Apegos feroces

El libro del hospital. Mientras escribo estas líneas estoy sentado en una butaca azul reclinable en el Hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia aquejado, aunque ya casi recuperado, de una diverticulitis que me lo ha hecho pasar mal. Ya estoy, como he dicho, casi recuperado, mañana me repiten el TAC y, siempre y cuando no vean nado raro, me mandan para casa. He pasado una semana muy mala entre otras cosas porque, Rodrigo, no te he visto más que por videollamada. Se me ha hecho muy larga y tengo la sensación de que perderme una semana de tu vida a tú edad actual es mucho tiempo. Te veo a través de la pantalla de mi móvil más mayor de cara y de gestos, y además has empezado en la guardería. Tenía el día cogido por asuntos propios porque tu madre y yo queríamos llevarte en este importante primer día y recogerte para que sintieras que no te abandonábamos. Han sido casi dos años en los que has estado siempre con un miembro de tu familia cercana y pasar ahora varias horas al día sin nosotros somos conscientes de que al principio puede ser y es un poco traumático. Por esto queríamos estar los dos contigo pero yo no he podido estar. Siempre me acordaré y te contaremos, y espero que me digas lo de "Papá, otra vez con lo de la diverticulitis", que cuando empezaste en la guarde yo estaba ingresado en el hospital. 


Como te iba diciendo, ya estoy mejor, y, estos últimos días desde que me acertaron el diagnóstico y me recetaron el tratamiento correcto, he podido leer bastante. Me he leído la primera novela de las tres que forman El día del Watusi y Apegos feroces entera. De El día del Watusi te hablaré cuando la termine aunque te adelanto que me está pareciendo bastante interesante y original. Así que hablemos de Apegos feroces. Novela corta, apenas llega a 200 páginas, pero intensa, de las que me gustan. Una hija relatando hechos de su vida siempre teniendo que ver con su madre. Vas viendo como la personalidad de la madre y sus ideas sobre cómo vivir, van afectando a la hija como no podía ser de otra manera. Libro en el que no importa tanto la trama, de hecho se puede decir que no hay, como la exposición que hace la autora Vivian Gornick de sentimientos y reflexiones acerca de la vida y las relaciones fraterno filial. Me ha encantado la reflexión final de la autora en boca de la madre. No ha llegado a ser una gran lectura porque este tema ya lo tengo muy trillado pero si llego a leer este libro hace varios años lo hubiera subido al altar de mejores lecturas de mi vida. Aún así, ha sido una lectura bastante interesante y siempre la recordaré como el libro que leí cuando estuve en el hospital y tu empezaste en la guardería. Me ha gustado lo suficiente para que la anécdota en un futuro la cuente más o menos así "estaba en el hospital ingresado por una diverticulitis, lo cual fue una putada porque me perdí tu primer y segundo día de guardería pero a cambio me leí Apegos feroces que si no lo has leído ya te recomiendo que lo hagas y...".  


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