No recuerdo cómo llegué a este libro. Posiblemente se lo vi a alguien en Instagram, una cosa muy poco útil que teníamos en el Pleistoceno, pero me alegro de haber encontrado una maravilla como esta.
Esta novela no deja de ser de las que se conocen como de formación en la que se comienza narrando el nacimiento del protagonista y su crecimiento como persona, llegando a un punto en que un hecho ocurrido en su vida hace que comience su edad adulta. El mejor ejemplo de novela de formación siempre ha sido Un guardián entre el centeno, creadora de este subgénero de la literatura.
El libro tiene tres personajes principales: el hijo, la madre y el padre, siendo el primero el principal. La trama se va desarrollando a través de las relaciones entre los tres y de las consecuencias que tienen estas en las decisiones que toma el hijo sobre su futuro. Pero hay otro cuarto personaje, o yo lo quiero ver así, que hace que esta novela pase a ser muy especial: el ambiente. El autor holandés sabe crear a través de su escritura un entorno perfecto para el carácter de los protagonista. Casi se puede sentir el silencio, la tensión, la pobreza que rodean a los protagonistas. Este es el verdadero mérito de la novela junto a un final que ¡Vaya final!
Mención aparte siempre para Jus Editores, segundo libro que poseo y leo de esta editorial, por su cuidada edición, perfecta como la novela.
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