Tras leer un libro de más de 800 páginas y estar 4 meses para ello, me apetecía algo más ligero. Ligero, ligero no puedo decir que sea, pero al menos corto sí. Esta novela relata una batalla de la Guerra Civil Americana a través de un muchacho que se encuentra allí. No da muchos datos, ni muchos nombres, ni siquiera el bando por el que pelea el protagonista, pero el autor lo hace a propósito. Con esto consigue que, aunque la batalla está muy localizada en una contienda conocida, el relato es universal y valdría para cualquier guerra en cualquier país. Un puntazo para el autor por ello.
No recuerdo por qué apunté esta novela en mi lista de libros para comprar pero sí que estaba en ella desde hace mucho tiempo. Un día fui a Diego Marín para recoger otro libro que había encargado y rebuscando entre los libros de Pinguin Clásicos apareció este. Lo cogí sin dudarlo porque por aquellos días teníamos una economía boyante y me permitía esos pequeños caprichos. Realmente no teníamos la cuenta corriente tan saneada pero si lo suficiente como para gastar en libros y comics casi sin control, no como ahora que, por si no te lo había dicho antes, y todo va bien, estamos ahorrando para pagar la entrada de la casa donde espero que hayas crecido sano y feliz.
Volviendo a la novela que nos atañe, tengo que decir que me ha gustado, así de sencillo, y que es increíble como un libro escrito en 1895 pueda ser tan actual, diría incluso moderno, ya que trata a los personajes y a la trama, si se puede considerar que hay una, de una forma que perfectamente pudiera haber sido escrita en nuestros días. Los personajes no tienen nombre, son simplemente el soldado alto, soldado chillón....de hecho nos enteramos del nombre del protagonista porque otro personaje muy secundario lo nombra de pasada. Stephen Crane nos enseña los desastres varios que implican la guerra además, y esto es lo que más me ha gustado, la psicología de un antihéroe protagonista que no quiere estar allí y que su mayor preocupación es que no se le note el miedo que tiene.
En resumen, me ha gustado, no será la mejor lectura del año, ni tan siquiera la mejor lectura bélica de mi vida (este privilegio se lo lleva de momento Los desnudos y los muertos de Norman Mailer) pero he disfrutado de su lectura.
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